Una nueva investigación indica que el riesgo de un ataque al corazón puede aumentar con el consumo de mercurio y disminuir con el consumo de ácidos grasos omega-3.
Las fuentes dietéticas de ácidos grasos omega-3 incluyen el aceite de pescado y los aceites de ciertas plantas y nueces. Recientemente, el interés en el aceite de pescado como protector cardiovascular ha incrementado debido a la observación que los Inuit de Groenlandia tienen una incidencia inusualmente baja de enfermedad cardiaca a pesar de consumir una dieta alta en grasas.
